De la demagogia y otros vicios
Por
fin me quedó claro en qué consiste el Estado de Derecho (ED). He de confesar
que tenía un concepto erróneo del mismo, ya que lo imaginaba como una macro estructura
estatal. Lo consideré en su momento como un molde donde aquellos elementos que
conforman el Estado debían estar sujetos al derecho y el cómo se relacionan
entre sí. Ya anteriormente se señaló en este espacio que el ED significa
aquella situación en que una sociedad y el gobierno de un país respeto del
contenido de la norma jurídica. Cuando coloquialmente escuchamos las palabras “estado
de derecho” creemos que este es un modelo de Estado que basa su actuación en lo
que dicta a ley. Para aclarar la confusión, considero necesario realizar una
serie de descripciones históricas y evolutivas de lo que conocemos actualmente como
Estado. En la época primitiva existía una forma de organización política y social
en la que la concentración del poder se depositaba en la persona con mayor
capacidad física, el más fuerte, a efecto de defender interna y externamente un
espacio geográfico. Ésta forma de organización pre estatal se origina a partir
del sedentarismo ocasionado por la agricultura. Es aquí donde surge la
capacidad de tomar decisiones de manera ilimitada. Posteriormente las aldeas o
tribus se organizaron en feudos, o mejor dicho, ciudades. En esas provincias
existía el señor feudal que detentaba el poder y los siervos, quienes
trabajaban en las tierras. La economía se basaba en el autoconsumo, lo que llevó
a esta organización social-económica a una crisis. Es entonces cuando aparece y
se origina una tercera clase social: la burguesía. Ésta se conformó por comerciantes
establecidos a las orillas del feudo. Trajeron a la sociedad el contrato salarial y el trabajo
libre, lo que terminó por ocasionar el derrumbe de dicho sistema. Ello no se
originó a raíz de una lucha de clase social, más bien fue uno organización
estructural por parte de la clase aristócrata, ya que cedió el poder a una sola
persona: el monarca. Es aquí donde la organización social se convirtió en
política, ya que el soberano controló de manera absoluta el poder, de ahí que
le llamemos a esta forma previa de estado absolutismo. El rey utilizó figuras
como la diplomacia, el ejército, el sistema de recaudación de impuestos, la
burocracia y el derecho romano como herramientas para legitimar y perdurar su estancia
en el poder puesto que la burguesía seguía aclamando seguridad y orden. ¿Alguna
coincidencia con lo que acontece hoy en día? Es necesario detenerse para
efectuar una breve reflexión. Por lo general, el aparato gubernamental realizar
sus actividades en torno a los beneficios electorales, es decir, ponen a su
disposición herramientas del Estado para apoyar tal o cual candidato o
corriente ideológica-política. Lejos de que la legislación de la materia
sancione tales actos, los mismos deben ser aberrantes para un estado donde el
servicio público se jacta de ser respetuoso del ED, éste se encuentra única y
exclusivamente destinado a beneficiar los intereses colectivos. Precisamente la
idea de que los recursos administrativos, tanto materiales como humanos, deban
de estar al servicio de la comunidad, fue una concepción que surgió justo al
final de la crisis del absolutismo. Pero tampoco veamos con malos ojos esta forma
de organización política, puesto que florecieron en su máxima plenitud instituciones
como el derecho, el sistema administrativo y las universidades. Lo malo fue que
se utilizaron en beneficio personal. En esta época, alrededor de los siglos XVI
y XVII, aparecen los llamados estados nacionales como una forma icónica de
justificar la pertinencia del individuo a un país. La honorabilidad y la
decencia reinaban por las calles y palacios. Sin embargo el burgués salió de
nuevo para criticar los abusos que existían de quienes detentan el poder, tanto
monarcas como aristócratas. El resultado fue desastroso, ya que las ideas de la
Ilustración culminaron con grandes guerras: la Revolución Francesa de 1789 y la
Guerra de Independencia de las colonias británicas de 1775. Nociones como la
división de poderes, la soberanía nacional, la primacía de la ley, el respeto
los derechos naturales y la democracia, constituyen ingredientes de una receta
llamada “Estado moderno”. En realidad, dicho modelo es el que confundimos con el
ED. Ese modelo de estado, no es más que el estado liberal democrático, o mejor
dicho, el estado liberal burgués el cual han adoptado la mayoría de los países
occidentales. Si nosotros analizamos con pulcritud, podremos sostener que los
países socialistas plantean otra ruta
para llegar a los mismos fines del estado liberal burgués. En otro momento
haremos una reflexión en torno a ellos. Por ahora finalizo con una reflexión
que hizo el gran filósofo Aristóteles en la época clásica griega. El planteó la
teoría de las formas de gobierno puras e impuras. Así pues, un monarca que
gobernaba bien, si lo hacía mal, se podría convertir en tirano. La aristocracia,
personas cultas y selectas con el gobierno, podrían convertirse en una
oligarquía, es decir, el régimen de unos pocos e incultos. Pero más cruel es la
última. Cuando la democracia, el gobierno del pueblo, se convierte en demagogia.
Esta consiste en ganarse con halagos el favor del pueblo. La demagogia es la degeneración
de la democracia cuando los gobernantes tratan de conseguir o mantener el poder
mediante halagos. Que el lector efectúe sus propias conclusiones al modelo de
Estado contemporáneo, y si aplica lo que el filósofo griego estableció hace más
de 2000 mil años.
Sapere aude.
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