Los izquierdos humanos
¿Nunca
se han percatado que cuando nos preguntan algo no lo definimos por lo que es sino
por lo que no es? Justamente eso le sucede a los derechos humanos (DDHH de aquí
en adelante). Cuando se nos pregunta que son, respondemos en automático “son
los derechos que tiene toda persona por pertenecer al género humano”. Por lo
regular, decimos que DDHH son los derechos inherentes de la persona. No es que
se encuentre equivocada la anterior afirmación, pero ha quedado rebasada por la
actualidad. Ésta definición intenta explicar que los DDHH no pertenecen ni a
los animales ni a las plantas, y en general, a cualquier ser vivo que no sea el
ser humano. Llamémosle definición por exclusión. En las próximas líneas
intentaré explicar qué son los DDHH y cómo se fundamentan. Si, una tarea algo
ardua y un poco pretensiosa. ¿Qué son los derechos humanos? Los DDHH son el
conjunto de valores que una sociedad instituye como los más preciados elementos
para el desarrollo de una persona, tienen que ser reconocidos y garantizados
por el Estado, y por lo tanto, oponibles en aquellos casos que no sean
observados. ¿Qué fácil verdad? Desmenucemos la idea. La vida, la libertad, la
honra, la salud, la familia, la propiedad, el deporte, entre otros más valores,
son bienes que se encuentran y que tienen que ser reconocidos por las normas jurídicas
de un Estado. Son indispensables, ya que con su efectiva realización se
desarrolla a plenitud la persona en todos sus sentidos. En el plano jurídico la
característica esencial consiste en la facultad de su exigencia frente a la
falta de reconocimiento o injerencias ilegítimas por parte del Estado, es
decir, un derecho humano puede ser reclamable ante la autoridad estatal en
aquellos casos que no sea reconocido o violado por un agente estatal. El verdadero
problema de los DDHH no se encuentra en como idealizarlos, sino más bien en
como fundamentarlos, es decir, aquellas ideas que proporcionan una explicación lógica
de las cosas en base a un elemento substancial. Así pues, desde una visión iusnaturalista, los DDHH provienen de la
naturaleza de la persona. Desde el punto de vista iuspositivista, los DDHH provienen del reconocimiento normativo de
un Estado. Las dos corrientes expuestas se han encontrado siempre en constante
conflicto, sin que se nos diga que hoy en día esa rivalidad se encuentra
superada. Requerimos del reconocimiento normativo de los DDHH, pero también se
necesita un sustento que da respuesta a las necesidades humanas, ésta conclusión
obedece a una fundamentación pragmática. Desde el punto de vista teológico, se
afirma que los DDHH provienen del origen divino del ser humano que lo hace
merecedor de ciertos derechos. Desde un punto de vista histórico, los DDHH son
el conjunto de instituciones que han ido evolucionando en su reconocimiento
normativo e institucional de una colectividad. La dimensión social aporta una
idea al respecto, ya que los DDHH consisten en aquellos valores provenientes de
una moral colectiva que en la época actual, el más importante es la dignidad
humana. Muchos de los tratadistas y académicos no consideran que exista un
equilibrio entre las distintas corrientes de fundamentación de los DDHH, la
verdad es que se complementan. Aquí deseo detenerme y abordar un elemento
indispensable para la vigencia de los DDHH en la sociedad y que repercute como
efecto dominó en el Estado, la empatía. Hanna Arendt escribió un libro el cual
deseo leer: Eichmann en Jerusalén, un
informe sobre la banalidad del mal. En ese ejemplar se hace referencia a un
juicio de 1961 en contra de Adolf Eichmann, un funcionario del Estado Nazi que
no tenía un comportamiento antisemita u obsesivo de poder acusado de crímenes contra
la humanidad. No tenía, según la autora, un sentimiento de bondad o maldad en
sus actos, el solamente se avocaba al cumplimiento de su trabajo de manera
profesional en aras de ascender de cargo, cumplía órdenes del superior jerárquico.
Arendt llamó “banalidad del mal” a esa actuación del burócrata que cumplía órdenes
sin medir las consecuencias de sus actos. Si, la empatía es para mí, el
fundamento sustancial de los DDHH. Una sensación de preocuparse y ocuparse de
los problemas de las demás personas, y más en aquellos donde se tiene la encomienda
de realizarlo. Recordemos que el poder dimana del pueblo y se instituye para
beneficio de éste. Dimana del pueblo por que la sociedad sabe cuáles son sus
propios problemas. A esto le llamaré empatía pública o social. Si no se hace,
si no se practica, entonces caemos en la banalidad de la indiferencia, en la
banalidad de la demagogia u otros vicios similares. Benedetti lo sabía y no lo
dijo en el poema Ahora todo está claro:
“Cuando el presidente / cualquier presidente / se preocupa tanto / por los
derechos humanos / parece evidente que en ese caso / derecho no significa
facultad / o atributo / o libre albedrio / sino diestro / o antizurdo / o
flanco opuesto al corazón / lado derecho en fin / en consecuencia / ¿no sería
hora / de que iniciáramos / una amplia campaña internacional por los izquierdos
humanos?”
Sapere aude
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