El Estado somos todos
Justo en la cúspide del absolutismo, allá en los siglos XVII y XVIII, existieron numerables frases o actitudes atribuibles a los monarcas europeos, afirmo que son atribuidos por que quizá la posición de los pensadores de la ilustración propiciaron tales asignaciones. En aquellos días el monarca decía "El Estado soy yo", o se comportaban como tal. Cierto o no, la frase nos ayuda a explicar la cosmovisión que existía sobre tal organización política. Hoy en día esa concepción ha sido modificada, no por los pensadores modernos sino por la realidad misma. Considerar que el Estado como un órgano superior e intangible al ser humano, como aquel ente omnipresente en nuestras actividades diarias y cuya visibilidad es etérea, son concepciones ya superadas y un tanto absurdas. Permítame el lector explicarme. El Estado, como forma de organización social, debe perseguir ciertos fines útiles a favor de la misma comunidad social, pero ¿Qué lo caracteriza? ¿Qué hace a un Estado ser un Estado? La respuesta es simple, la soberanía. La soberanía como el poder de toma de desiciones de manera ilimitada con el ánimo de cumplir con los objetivos comunes de una determinada organización social. Las primeras líneas del artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM de aquí en adelante) nos puede dar luz al respecto: La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo, en la sociedad para efectos precisos. En la segunda parte del referido artículo señala que todo poder público dimana de la sociedad y se instituye para beneficio de este. La anterior afirmación nos dice dos cuestiones. La primera consiste en que las autoridades, mejor dicho, el gobierno a través del servicio público, tiene su origen en la misma sociedad; y segunda, que dicho gobierno se encuentra instituido para beneficio de la sociedad y no de los intereses de quienes ejercen la administración estatal. Pero es quizá la última parte del artículo 39 de la CPEUM donde se nos especifica el sentido moderno de soberanía, en México, la sociedad tiene en todo momento el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de gobierno. Si señoras y señores, la soberanía es un derecho de la sociedad y no un privilegio de la parte encargada de las funciones estatales. Con esas líneas demostramos que el Estado Mexicano no es un cúmulo de elementos dispersos o discordantes, en realidad el Estado, en su concepción actual, es una forma de organización donde la sociedad conviene en establecer determinadas tareas a algunos de sus integrantes para la consecución de sus fines en determinado espacio geográfico. Las normas jurídicas serán el elemento objetivo de dicha organización. La soberanía es entonces la capacidad de toma de decisiones fundamentales de una sociedad para su beneficio. Como lo puede advertir el lector de la simple lectura del precepto constitucional citado, las administraciones que se encargan de asegurar los fines estatales se encuentran en permanente o latente evaluación por parte de la sociedad; en aquellos casos en que se advierta y se compruebe que del ejercicio del gobierno existe una acción de beneficio personal por parte de algún servidor público, el elemento humano del Estado tiene el derecho en todo momento de revocar su nombramiento. No es utopía, es una realidad fáctica que ha existido en nuestro sistema jurídico mexicano desde que nos formamos como país independiente. Estado no es sinónimo de gobierno, este es tan solo un elemento más del otro y se compone de todas las tareas públicas que decida la sociedad. En México, el Estado somos todos, no solo en mandatario de la sociedad, sino la sociedad misma como actor principal en exigir cuentas al gobierno en todas aquellas cuestiones que se consideren fundamentales. El gran dilema viene al analizar que quizá no existen los medios idóneos, tanto legales como institucionales, para hacer efectiva la rendición de cuentas. Pero recordemos que la sociedad misma puede realizar sus propuestas al respecto en el ejercicio de su soberanía, bien echar a andar los mecanismos que tiene a su alcance.
Sapere aude
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